Estábamos mi ombligo y yo disfrutando de una película en el cine cuando de repente se nos fue la imaginación a ambos (algo que no dice mucho en favor de la película, por cierto).
Como era de suponer los pensamientos eran divergente. Por un lado yo pensaba en viajar, en coger la bicicleta y repetir experiencias pasadas. Conocer gente nueva, ver nuevos lugares, disfrutar de sabores nuevos, amanecer en lugares no comunes, ajenos... Sin embargo, mi ombligo pensaba en todo lo contrario, en seguir viviendo su cómoda vida, pequeños paseos, un cafelito leyendo el periódico, una siesta después de comer, una tarde de sillón viendo alguna vieja película en blanco y negro o leyendo uno de esos libros que he empezado mil veces peron nunca he completado.
Obviamente mi ombligo juega con ventaja, desde la cómoda posición que le da su tamaño frente al esfuerzo que supone el entrenarse para poder viajar.
Pero en fin, ya veremos quién gana, ya veremos.
Fecha de actualización:
28 de marzo de 2004 |